El empréstito comprende, genéricamente, lo mismo que un préstamo. La Real Academia Española lo define como el “préstamo que toma el Estado o una corporación o empresa, especialmente cuando está representado por títulos negociables o al portador”.

En su Diccionario de Banca y Finanzas, Esteves reseña que el empréstito era “un recurso extraordinario para los Estados que enfrentaban grandes apuros financieros”. En términos más actuales, este mecanismo es usado por grandes instituciones para captar dinero del mercado. Básicamente, se financian a través de pequeños préstamos provenientes de varios prestamistas.

En el caso de los empréstitos, la deuda se divide “en pequeñas participaciones (títulos-valores). Todos los títulos de una emisión comparten las mismas características en cuanto a importe, remuneración, vencimiento, etc”, recuerda el portal Economista.es. Por tanto, estos títulos se diferencian según los plazos para su pago: los pagarés, que son menores a un año; bonos simples, que van de 3 a 5 años; y las obligaciones, que son a largo plazo.

En el proceso de empréstito intervienen tres figuras. En primer lugar se encuentra el prestatario, la institución que pide el préstamo y emite los valores, surge su figura de la necesidad de un alto volumen de dinero que no puede conseguir de un solo prestamista. Este es quien presta los fondos y obtiene los pagarés, los bonos o las obligaciones. Este proceso de intercambio no suele estar desintermediado, por lo que existe una institución que organiza los intereses del empréstito y, en general, funge como intermediario financiero.

Con información de Economipedia, definicion.de y billin.net