Si la humanidad fuese más afortunada, Andrés Bello estaría este mes de cumpleaños. Este caraqueño-chileno es uno de los venezolanos más conocidos en el continente y el mundo por su extensa labor y obra intelectual. El conocimiento y la Independencia fueron sus grandes dedicaciones. En sus 83 años tuvo una profunda labor periodística, que a veces pasa desapercibida por haberse destacado en varios ámbitos.  

Según el texto de Federico Álvarez, publicado en el año 1981, El Periodista Andrés Bello, esta parte de su vida puede dividirse en tres etapas, delimitadas por sus lugares de residencia: Caracas, Londres y Santiago. 

Se considera a la capital venezolana de la Colonia como el punto de partida, época en la que trabajó para la revista El Lucero, fundada en 1811 sin prosperar, y la Gazeta de Caracas, el órgano oficial de la Corona española, que dos años después comenzaría a adversar activamente para favorecer la causa emancipadora. En la Gazeta, Bello se encargaba de la estructura general, las fuentes de información y la cobertura de la política española y los asuntos relacionados con Napoleón Bonaparte.

Luego, tras partir a Londres con el Libertador y decidir quedarse en la ciudad europea, inició su segunda etapa periodística: para servir a la causa de la Independencia del continente contribuyó con la creación de las revistas Biblioteca Americana y El Repertorio Americano, la más valiosa manifestación europea del pensamiento hispanoamericano en este período. Estos impresos tenían como temas fundamentales a América, su lengua, su gente, su cultura y su economía.

Por último, llega la etapa del Andrés Bello periodista en Chile. En esta nación tiene un rol fundamental como director del periódico El Araucano, que funcionaba como portavoz del nuevo gobierno chileno. Era un periódico intermedio entre la prensa independiente y la oficialista.

Pedro Grases en su libro Andrés Bello reflexiona: “sin esta etapa de estudios y experiencia, sin esta contemplación del mundo desde una ciudad como Londres, con la diferencia de ver el universo y los sucesos de una época desde un punto de observación como Inglaterra, capital liberal de Europa, plataforma extraordinaria y privilegiada, sin esta comunicación y contacto con las transformaciones violentas que estaba experimentando el mundo occidental del primer tercio del siglo XIX, cuando irrumpía en las letras el romanticismo, cuando se ordenaba el mundo postnapoleónico, entre la edad de veintinueve a cuarenta y ocho años, el pensamiento de Bello no hubiese alcanzado la dimensión universal que tuvo.”

Agrega que las diferencia entre el periodista de 1808 y el de 1829 se dan “por una parte, [por] la madurez que dan los años y el desarrollo de sus meditaciones; y, por otra, [por] la maestría en el estro personal tanto como la considerable ampliación de horizonte en sus inspiraciones.”