César Rengifo es uno de los protagonistas estelares del realismo social en Venezuela. Cuarenta años después de su desaparición física, este creador es reconocido como una de las figuras más importantes del arte venezolano, referencia de conocimiento y talento.

El artista nació en 1915 y falleció el 2 de noviembre de 1980. Se destacó en la pintura y la dramaturgia, sin dejar de lado la promoción cultural y la militancia política. También tuvo participación en el mundo periodístico, pues escribió en la revista de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), para Últimas Noticias, el diario El Heraldo y la revista Élite.

Rengifo nació en una familia humilde de La Candelaria, en Caracas. Su padre, Ángel María Rengifo, falleció a tan sólo dos meses de su nacimiento, y su madre, Felicitas Cadenas, lo hizo solo ocho meses después de su parto. La pareja fue víctima de tuberculosis.

A pesar de tener una infancia marcada por la pérdida y varias enfermedades, las artes y la cultura no dejaron de estar presentes desde muy temprano en su vida: a los cinco años ya sabía leer y a los ocho entró en la Academia de Bellas Artes para estudiar Artes Plásticas.

Luego de afrontar la orfandad total, cuando fallecieron sus padrinos Ascensión Delgado y Mariano Robaima, Rengifo aprendió el oficio de la albañilería y la decoración y, a sus 21 años, le llegó una gran oportunidad: consiguió una beca para especializarse en Pedagogía del arte plástico en Chile.

Un año después, en 1937, partió de Chile a México para continuar sus estudios. Durante dos años profundizó en la técnica del mural y descubrió la importancia del mensaje social en la pintura. Estando en el país centroamericano conoció al muralista David Alfaro Siqueiros, a Diego Rivera y a otros artistas destacados que tendrían gran influencia en su obra.

Al regresar a Venezuela, César Rengifo se unió al Partido Comunista y comenzó su labor periodística a la par de su carrera como escritor. Su primer poemario se llamó Ala y alba, al que le siguió un abundante repertorio de piezas teatrales, artículos, colaboraciones para medios, unas 40 historias escritas y montadas, con varios poemarios inéditos y algunos ensayos.

En 1947 Rengifo tuvo su primera gran exposición en el emblemático Museo de Bellas Artes. Desde aquel momento, realizó varias muestras pictóricas y representaciones teatrales dentro y fuera del país.

En el año 1954 comenzó a trabajar en una de sus más emblemáticas obras, El Mito de Amalivaca, un mural de 90 metros cuadrados, en el Centro Simón Bolívar, de Caracas, que requirió casi dos millones de trozos de mosaicos cuidadosamente cortados. Dentro de la obra integró la memoria ancestral indígena y los ideales nacionalistas de la época.

Otro de sus grandes murales lo culminó en 1973, en el Paseo Los Próceres, de Caracas, llamado Creadores de la nacionalidad, en conmemoración del 150º aniversario de la Batalla de Carabobo.

Rengifo dejó su huella como director de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes (ULA). En Mérida es recordado por ser el fundador de la Escuelas de Artes Plásticas y coordinador de la Conferencia Mundial por la Libertad de los Presos Políticos Venezolanos, en 1965.

No fueron pocos los reconocimientos obtenidos por el caraqueño. Fue galardonado con el Premio Nacional de Pintura y el Premio Arturo Michelena; también recibió los galardones Andrés Pérez Mujica y Antonio Esteban Frías. También ganó el Premio a la Mejor Obra en el II Festival de Teatro Venezolano y en 1980 ganó el Premio Nacional de Teatro.

Rengifo nunca dejó de encontrarse en aprietos de salud, cuando tenía 32 años padeció por una úlcera intestinal de origen tuberculoso, enfermedad que años atrás ya había amenazado su vida. De hecho, una anécdota reseñada por la periodista Milagros Socorro para el medio Prodavinci, cuenta que “al verlo grave, sus colegas de la Asociación Venezolana de Periodistas se dirigieron al entonces mandatario, general Isaías Medina Angarita, para que este hiciera gestiones con el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delaware Roosevelt, para conseguir penicilina, panacea que llegó por primera vez a Venezuela para salvar la vida de César”.

A sus 65 años murió a causa de una trombosis, dejando a su esposa, la profesora Ángela Carrillo de Rengifo y a sus dos hijas, Diana y Flerida. Sus restos fueron velados en la Galería de Arte Nacional (GAN), donde sus herederas recibieron muestras de respeto del entonces presidente de la República, Luis Herrera Campins y de representantes de todos los sectores del país. El pintor descansa en paz en el Panteón Nacional. Nueve años después de su muerte, sus obras completas fueron recogidas y publicadas en ocho tomos por la ULA.

Con información de IAM Venezuela, Prodavinci, EcuRed y Radio Mundial