Históricamente, la banca ha sido el sostén principal de las economías del mundo cuando éstas se bloquean por alguna crisis. En el caso de la pandemia del Covid-19 no es, ni será diferente: las instituciones financieras tienen un rol fundamental en la búsqueda de soluciones ante los retos que presenta la “nueva normalidad”.

En ese sentido, los gobiernos nacionales, como España, Estados Unidos e Inglaterra, ya están trabajando estrechamente con la banca para canalizar ayudas a empresarios que se han visto afectados por las necesarias restricciones sanitarias que se han aplicado en todo el planeta.

Una de las iniciativas más importantes en esta era pos Covid-19 es ofrecer facilidades para préstamos a las pymes y emprendedores, ya que son uno de los sectores económicos más vulnerables a la crisis.

Pieza-Interna

Otra de las acciones puntuales que han llevado a cabo bancos en todo el mundo es el aplazamiento de pagos en casos particulares y las revisiones de condiciones de cierto tipo de financiamientos para beneficiar a sus clientes jurídicos.

Las fintech pisan fuerte

Los bancos y las empresas de tecnología financiera (fintech) están en pleno proceso de unir esfuerzos para encontrar soluciones eficientes a los problemas que plantea el nuevo escenario que se dibuja tras la pandemia.

Las inversiones en estas industrias generarán un doble beneficio para la banca: les permitirá garantizar un servicio adaptado al momento histórico y se apalancarán en empresas que son las “campeonas” de esta nueva economía.

La tendencia es clara: la banca apostará a la innovación tecnológica, ya que el confinamiento ha hecho que se incrementen exponencialmente las operaciones online. Ahora que los clientes están más familiarizados con estos servicios, es el momento ideal para consolidar y fomentar la digitalización.

Este viraje a la virtualidad será uno de los aportes más grandes de la banca en esta nueva era, ya que contribuirá a reducir los riesgos de propagación del Covid-19 asociados a la compra y venta de bienes y servicios de manera presencial.

Adicionalmente, el proceso de digitalización es una posible fuente de ahorro en costes a medio y largo plazo para las instituciones financieras, pero conlleva una serie de riesgos de seguridad informática que deben ser atendidos.